sábado, 18 de agosto de 2012

Los Rescatadores



Somos las personas, en nuestras fantasías más infantiles, muy de humanizar al reino animal.

Probablemente subsiste en nuestro inconsciente la certeza de que nosotros también lo somos y en nuestra imaginación toman características y adoptan comportamientos humanos.

En las antiguas fábulas y en el cine infantil, tenemos multitud de pruebas de ello y las grandes productoras, sabedoras de que las mentes iniciáticas de los niños aceptan la humanización de los animales como algo natural se esfuerzan en sacar adelante grandes producciones donde estos, funcionan como seres pensantes, y los dotan de características como la maldad o la bondad, que nada tienen que ver con los seres irracionales. Crean un  fantasioso mundo maniqueo, donde existen buenos y malos puros, que se asemeja al mundo humano que en definitiva pretenden describir.

Los animales “irracionales” no funcionan así. Es su instinto el que los hace tomar decisiones, son los sentimientos más primarios los que hacen que actúen. Un animal, jamás saldrá de caza si no tiene hambre, jamás se acercará a un río o a una charca si no es para beber, jamás un macho acosara a una hembra más que cuando esta esté receptiva, jamás hará nada sin un motivo de fondo que lo justifique. Motivos, que ayuden a su supervivencia o a la de su especie. 

No conocen el egoísmo ni la avaricia, y nunca hacen el mal por el mal. En esencia son “buenos”

Esa es la gran diferencia con el ser humano. Nuestra especie funciona por otras razones, y el instinto de supervivencia ha sido superado por razones menos primitivas. Salimos de caza por deporte, comemos y bebemos en ritos sociales más pensados para la comunicaron que para satisfacer necesidades primarias, acosamos a nuestro sexo contrario buscando el placer y sin necesitar del instinto básico reproductivo, buscamos el placer en todas sus formas y, unos más y otros menos, somos egoístas y avariciosos, envidiosos y crueles. En esencia, somos “malos”, aunque de fondo, pervive en nuestras cabezas ese retazo del mundo “irracional” del que procedemos que nos da características como la compasión o el altruismo, que nos hacen "menos malos".

El exceso de racionalidad aplicada por algunas personas, hace que se les olvide esa parte animal que vive en nuestro interior, sobresaliendo en esas personalidades el autentico humano, el maligno, el dañino, el que en defensa de intereses oscuros es capaz de llevarnos a guerras, a someter a los pueblos, a la injusticia social, a una avaricia desmedida de almacenar riquezas materiales para estar por encima de los demás…

Es en muchos casos, lo que ocurre con nuestros gobernantes. Se sienten jefes de la manada, y en lugar de aceptar que ese es un papel protector, de ayuda hacia sus iguales, utilizan el poder que le otorga el puesto para el enriquecimiento ilícito, para el abuso, para su bien personal, olvidándose de su primitiva obligación.

Son los grandes machos alfa de los humanos, que mas tarde o mas temprano, se tendrán que enfrentar con sujetos mas jóvenes, mas justos, algo más irracionales, que lucharan por convertirse en los nuevos dirigentes para el bien de sus gobernados. Y perderán en esa lucha. 

Como en las películas infantiles, al final, el bien siempre puede con el mal…

Hoy, en estos tiempos económicamente tan convulsos, oímos hablar mucho del rescate a nuestro país. Se refiere a un rescate de nuestra economía, mermada por el mal hacer de gobiernos que no han sabido plantear un buen futuro para España, que han consentido una corrupción que nos inunda, y que han favorecido los negocios de especuladores y bancos.

Europa, se apresta a “rescatarnos” de una situación caótica que no hemos provocado los sumisos componentes de la manada, sino sus dirigentes y amigos, que llevados por la avaricia, se han enriquecido, han defraudado a nuestra sociedad y han ocultado sus riquezas lejos de nuestra hacienda común.

Europa, se apresta a rescatarnos, pero no es un rescate al uso de los que vemos en las películas, no es un rescate para mejorar nuestra situación, es un rescate dirigido a salvar a los poderosos, a los bancos, a los defraudadores, que generará una deuda multimillonaria que deberemos pagar entre todos, nosotros y nuestros descendientes, para empoderar aun más a los grandes machos alfa…

En la serie de películas de Disney, Los Rescatadores, nos cuentan historias de una sociedad secreta formada por ratoncitos que siempre hacen el bien.

Nuestros gobernantes, no son endebles ratones ni guardan en sus mentes la capacidad animal de buscar el bien por encima de otras razones. En este símil, se asemejan más a ratas hambrientas, animales del subsuelo, habitantes de las alcantarillas de nuestra sociedad, que hurgan entre nuestras miserias devorando hasta el ultimo atisbo de esperanza, son depredadores naturales que lo destrozan todo, que acaban con nuestro sustento y que transmiten enfermedades peligrosas… Ratas avariciosas, enfermas de poder, y dispuestas a matar por el mismo…

Ellos son, dicen Los Rescatadores, y nosotros, Los Rescatados…

Esto es una fábula sin final feliz…

Jose Ramiro, bloguero

viernes, 17 de agosto de 2012

Fruto de verano


El estío tiene como principal característica ser tiempo vacacional.

Las playas se llenan de gentes ansiosas de refrescarse en el mar y los pueblos viven el regreso de sus hijos en una migración anual que los trae de nuevo al seno familiar que un día los vio partir.

Las tiendas de souvenirs hacen el agosto y bares, restaurantes y chiringuitos se convierten en puntos de reunión de personas que, durante unos días, tienen poco que hacer más que disfrutar de un merecido descanso y charlar con los amigos que, año tras año, eligen los mismos lugares para el reencuentro y el divertimento.

Los escaparates de las fruterías y los mercados se llenan de los frutos de nuestros campos, vestidos de llamativos coloridos que nos llaman  y nos tientan con sus múltiples formas y sabores. Sandías, melones, melocotones, higos chumbos, las primeras uvas, peras y manzanas, y toda una suerte de frutos exóticos se nos muestran, cual arco iris, en una verdadera explosión de la naturaleza, que nos muestra su capacidad para sorprendernos cada año, entregándonos sus tesoros y dejándonos disfrutar de sus productos. Productos de la tierra… Y también frutos del mar, buen marisco y mejor pescado copan la oferta gastronómica de nuestras marineras costas. Tierra y mar que, el ser humano, el ser más dañino para la naturaleza esquilma y deteriora cada día.

Es en estos meses también cuando políticamente la nación descansa. Los dirigentes desconectan unos días y cierran hasta los juzgados. Todo es serenidad…

El verano, trae siempre, en un país como el nuestro, país de servicios y en el que el turismo es uno de sus motores fundamentales, una mejora en el numero de contratados que vienen a cubrir las necesidades de tantos y tantos visitantes.

Esta cifra, la de los contratos temporales que nos traen estos meses, siempre es utilizada por el gobierno, sea del color que sea, para hacer una especie de campaña de automotivación, donde nos cuentan año tras año que todo va mejor. En realidad es un espejismo, que con el paso de los calores del verano se desvanece en la nada, devolviendo esas cifras a la cruda y dura realidad.

Pasados los calores, con la vuelta a nuestros lugares de residencia habitual, de nuevo nos enfrentamos a la situación de paro insostenible que nos lastra en nuestro desarrollo y hunde la economía del país.

En estos últimos días estamos viendo como los valores bursátiles se recuperan ligeramente y como la prima de riesgo nos parece estar dando un respiro, pero esto, es parte del espejismo, que con la llegada de tiempos más frescos irá desapareciendo de nuestro horizonte.

Vivimos tiempos difíciles, no solo en España. La crisis de la zona euro no es más que la punta de un iceberg que amenaza con hundir la sociedad tal y como la conocemos.

Resurgen con fuerza sentimientos nacionalistas, las grandes potencias, “chulean” a las pequeñas, y hacen demostraciones bélicas de su poder.

Enfrentamientos verbales, que de momento lo único que hieren son sentimientos, pero que con más facilidad de la que pensamos, pueden empezar a cosechar victimas, muchas, muchísimas victimas inocentes

Malos tiempos, donde en oriente medio se cuecen lentamente las semillas de nuevas guerras, donde los países que tienen allí intereses empiezan a prepararse para “salvarlos”, donde el odio y las envidias hacen renacer un ambiente prebélico que, con toda probabilidad terminara con algún país en ruina y muchos muertos.

Muertos de batallas sin sentido que solo buscan, al final, el dominio de las riquezas naturales que se esconden bajo las tierras de aquellos países. Son batallas económicas donde se lucha por el dinero, maldito invento humano.

Es una historia que se repite y a la que el hombre no ha sabido dar solución.

En España, estamos lejos de todo eso. Hoy, con nuestros propios problemas ya tenemos bastante.

Cifras de paro que de nuevo nos asustarán, malas opciones para el crecimiento económico y un disparatado gobierno que no tiene muy claro si debemos ser “rescatados”, que va dando bandazos con declaraciones contradictorias y mintiendo al pueblo… Ya Rajoy, en su presentación como candidato, hace años, de la mano de Aznar, expresó ese “savoir faire” que lo caracteriza, donde siempre deja abierta sus decisiones a cualquier posibilidad. Así, es fácil no equivocarse, siempre dice si…. o no.

No voy a repetir las maldades del gobierno que padecemos, que ya ha sido fruto de muchas de mis líneas, pero esa indecisión, esa duda permanente, la mentira y la ocultación, no son “políticamente correctas” y no ayudan a salir del caos actual.

Esto que ahora vivimos, estos momentos de relajación y descanso, de serenidad en los mercados y de bajada de la prima de riesgo, son fruto de verano, y con su final, desaparecerán. Y volverán las crispaciones, la  rabia a las calles, las protestas del pueblo y la semilla de la discordia. Volveremos a tomar conciencia de nuestra realidad, del mal gobierno, de los abusos, del nepotismo de esta gente, de los despiadados recortes, de la derechización de nuestra sociedad.

Volveremos a cosechar el fruto de nuestra elección en las urnas…

Todos los frutos, hasta los más llamativos, los que se visten de bonitos colores y aromas para seducirnos, terminan por pudrirse…

Jose Ramiro, bloguero

miércoles, 15 de agosto de 2012

Fiesta



Los españoles somos de carácter alegre, divertido, festivo y acogedor.

La imagen del país que hemos exportado durante años así lo demuestra. En las tiendas de souvenirs, siempre (aun hoy) les hemos propuesto a nuestros visitantes que como recuerdo se lleven la muñequita con vestido de “gitana bailaora” en posición altiva o una figurita de un toro convenientemente abanderillado con los colores de nuestra bandera embistiendo contra un torero (toreador para los turistas) inexistente. Han sido los símbolos que cualquiera que nos haya visitado tendrá probablemente en su casa como recuerdo indeleble de su visita a España.

Esa es nuestra imagen. La Marca España. Es la que hemos exportado, por la que se nos reconoce en el mundo entero y la que hemos grabado a fuego en las mentes de los viajeros que por aquí han pasado.

En verano, cuando se celebran las ferias y fiestas de nuestros pueblos, es fácil ver señoras vestidas de faralaes y hombres vestidos de corto, encierros con vaquillas y corridas de toros, paseos a caballo y buen vino regándolo todo. Toros embolados, encordados y en cualquiera de las variantes pensadas por el hombre para divertimento de una plebe de mente enfermiza que disfruta del maltrato al animal.

Las fiestas de toros, sea cual sea la variante, que damos por tan española, en realidad es una herencia que nos dejaron aquí los romanos, ya que originalmente era en los anfiteatros de sus grandes urbes donde se celebraban las luchas entre gladiadores y animales. Las plazas de toros no son más que una construcción calcada de aquellos anfiteatros.

Tenían la costumbre (seria por ahorrar, otra de las herencias que ahora está muy de moda) de utilizar las fieras del entorno donde se asentaban y en España, siempre ha sido más fácil encontrar un toro de sangre brava que fieras más exóticas, como leones o tigres.

Defendemos estas fiestas como propias de nuestra cultura cuando en realidad fueron inventadas por otros ya en el siglo II antes de Cristo.

Y el fuego, otro símbolo.

En el mes de junio, las calles, las plazas y las playas de nuestros pueblos y ciudades arden en la conocida noche de San Juan, celebración del solsticio de verano, cuya arcaica finalidad seria dar nuevo aliento al Sol, que a partir de esas fechas va perdiendo potencia y horas de presencia en nuestro cielo.

Dicen que se quema lo malo del año y se le da la bienvenida a lo bueno que está por venir. La Nit del Foc, las Fallas y otras fiestas que se celebran alrededor de fogatas, antorchas, fuegos artificiales, cohetes y petardos son solo una muestra de lo importante del fuego en nuestras tradiciones.


Este año, podemos estar contentos.

Por una parte, a pesar de rechazo cada vez mayor a una “fiesta” donde el maltrato animal es parte de un espectáculo que, y si, ya se que hay quien defiende que el toro no sufre y que ha nacido para ser toreado, siempre termina en tragedia sangrienta, en nuestras fiestas no han faltado ese tipo de celebraciones.

Por otra parte, además de las fiestas de calendario, donde se han quemado “Juas”, Ninots y malos augurios, este año estamos celebrando a lo grande todo lo que tiene que ver con el fuego.

El Sol, si es verdad que recibe su fuerza de nuestras llamas, debe estar contento…

Estamos quemando nuestros montes y campos. Estamos asolando paisajes naturales que difícilmente se recuperarán. Estamos quemando España.

Claro, que es tiempo de recortes y la prevención es cara, muy cara.

En la Confederación de Empresarios, sus lucidos pensantes han dado con una posible solución, y es que proponen utilizar una mano de obra barata, existente, para la limpieza de campos y montes. Una fuerza dotada con los beneficiados por la ayuda de los famosos  400.-€ que, forzado por las circunstancias, el gobierno acaba graciosamente de prorrogar.

O quizás no es eso.

En la costa oriental de la península los focos son coincidentes con el trazado del futuro corredor ferroviario del mediterráneo. En la Comunidad Valenciana, se ha puesto en punto muerto el decreto sobre tierras quemadas que impedía construir en ellas durante muchos años y se permitirá la construcción siempre que sea por el bien común.

Más bien será por el bien de algunas empresas y políticos corruptos, de los que en valencia no carecen, por lo que se permitirá construir al final.

No será por el bien común, pero será lo que comúnmente hacen muchos políticos, que a pesar de estar imputados por casos de corrupción y prevaricación se mantienen en el poder, anclados a las expectativas de enriquecimiento ilícito que les da su función pública. Y si, es verdad que todos no son así, pero tenemos demasiados que si lo son.

Será que existen intereses ocultos para recalificar terrenos, será la presión de las grandes constructoras que ya no tienen donde poner ladrillos o serán los promotores de campos de golf y hoteles de 5 estrellas con spa, instalaciones de lujo para un turismo distinto, que no busca muñequitas ni toros de cartón, que busca lujo y placer, será por eso…

Mientras tanto, mientras arde España, el gobierno entra en disputas dialécticas con las Comunidades Autónomas en una discusión sin sentido culpabilizándose mutuamente de los pocos medios que tienen, Mientras tanto se queman miles de metros de suelo verde y mueren bomberos y voluntarios.

Mientras nuestros paisajes desaparecen y nuestra naturaleza se muere siguen recortando medios y despiden centenares de bomberos.

No pasa nada.

El año que viene, volveremos a ver corridas de toros, a disfrutar de sanguinarios espectáculos, a encender hogueras, a quemar lo malo y pedir por lo bueno, a encender nuestros cielos con enormes llamaradas pirotécnicas...

Y volveremos a tirar cohetes. Eso, a estos gobiernos nuestros se les da bien, muy bien…

Jose Ramiro, bloguero


martes, 14 de agosto de 2012

Quién te ha visto...

Hay una buena cantidad de españoles que dentro de unos días, si algo no ocurre y el gobierno no lo evita, se quedarán en la más absoluta miseria. Son aquellos que con los recortes de este gobierno dejaran de recibir la limosna de 400 euros que “graciosamente” se le entregaban cada mes como salario de subsistencia

400 euros no dan para mucho, es cierto, pero para más de 600.000 españoles es todo lo que tienen. De esa miserable cantidad, deben costearse en muchos caos el gasto de toda una familia, su casa, sus alimentos, la luz, el gas, su vida…

Sería triste y lamentable que no se encontrara una solución para que tan precaria ayuda continuara.

Claro, que existen los comedores sociales, y otro tipo de ayudas de beneficencia que ayudarán a paliar las necesidades de los españoles.

Europa ya ha destinado y preparado millones de toneladas de alimentos básicos para enviarlos a España, y los noruegos han montado un programa de apadrinamiento de niños españoles que ya está funcionando.

España, país altruista y caritativo, colaborador en los desastres ajenos, siempre dispuesto a ayudar allí donde sea necesario, se ve ahora en la necesidad de recurrir a la ayuda internacional para que “sus pobres” puedan seguir siendo pobres.

Dice el gobierno, que no tenemos dinero para mantener la paupérrima ayuda, más cuando los receptores se han acomodado a su situación y no hacen nada por reinsertarse laboralmente. Y lo dice con desparpajo, como si el mercado laboral fuese activo y las ofertas fluyesen como antaño.

Las preguntas que surgen son obvias: ¿Alguien en su sano juicio realmente piensa que los parados quieren seguir parados? ¿Alguien piensa que se sienten satisfechos con su vida? ¿Alguien cree que no hacen nada para salir del estado de dependencia y mediocridad al que los ha condenado el sistema? ¿No será este sistema el que los condena a la indeseable situación?

No quiero pensar que existen personas que lo piensan. Me irrita que si las haya.

Dice el portavoz parlamentario del partido en el gobierno Alfonso Alonso que los 400 euros son para pagar los parados de Zapatero, que estos no hacen nada por reinsertarse, y que por tanto no son merecedores de la limosna gubernamental.

Muchos de los parados, efectivamente son un mala herencia que tiene el país, pero deberíamos analizar de donde provienen.

Hubo un tiempo, hace ya bastantes años, en España empezó a inflarse una burbuja inmobiliaria favorecida por el gobierno de entonces que llevo a muchos jóvenes a abandonar sus estudios e incorporarse de manera precipitada a un mercado laboral que demandaba mano de obra masivamente, que ofrecía salarios de ensueño a la gente, que enriquecía en pocos años a personas que accedían por primera vez a un empleo. Una burbuja que ayudada por los bancos consiguió que se renovara casi totalmente el parque automovilístico español, que concedió créditos a mansalva permitiendo que todos tuviéramos una vivienda digna y una vida llena de “placeres”.

Hubo un tiempo, donde el dinero fluía a raudales y donde tuvimos una oportunidad de oro de cambiar el tejido industrial español en vez de apostar por algo tan efímero como el ladrillo.

Hubo un tiempo de oportunidades perdidas, donde pudimos dejar de ser un país de servicios y habernos convertido en un país industrializado, productivo y con futuro.

Pero no lo hicimos.

Los causantes de aquella burbuja, hoy absolutamente desinflada, no fueron Zapatero y sus gobiernos, aunque es cierta su responsabilidad por no haber puesto fin a la aberración que él si que heredo.

Los causantes, los verdaderos culpables, fueron los gobiernos de Aznar y los bancos. Ellos son los que nos han traído hasta aquí, y negar esa evidencia solo es entendible como acto publicitario y electoralista (igual piensan que hay elecciones cerca cuando culpan sistemáticamente de sus actos y responsabilidades a un pasado infinitamente más justo socialmente hablando)

El gobierno actual, heredero ideológicamente de aquel que empezó a soplar en el globo ahora reventado de ladrillos, debería reconocer su responsabilidad en el asunto y dejar de echar balones fuera constantemente. Debería reconocer la injusticia de eliminar una ayuda misericordiosa que se le entrega a los que nada tienen. Debería reconocer que los bancos que ahora estamos rescatando son los que facilitaron los fondos para que la burbuja naciera y se mantuviera artificialmente durante tanto tiempo. Debería reconocer que son ellos los arruinados y los causantes de nuestra ruina. Deberían reconocer que la última reforma laboral solo esta ayudando a las empresas, facilitando el despido, expulsando del mercado laboral a los que aun tenían un puesto de trabajo, abaratando los salarios y permitiendo que la cifra de parados suba como una nueva burbuja difícil de pinchar…

Los trozos del globo roto son los que ahora forman los activos tóxicos de una banca que lo hizo mal y que exige la creación de un “Banco Malo”, que no es más que transferir esos activos, que hoy nada valen y que se almacenan en urbanizaciones y pueblos fantasmas y en ficheros de morosos, al pueblo, socializándolos y haciéndonos a todos los ciudadanos responsables de sus deudas, sus desmanes y sus abusos.

La crisis, esta falsa crisis (quien realmente necesita ayuda son los bancos, no el país) se está llevando por delante al menos a dos generaciones de españoles. Una, la que abandono sus estudios y se dedico con ahínco a poner ladrillo sobre ladrillo la monumental pirámide que hoy es la ruina de los bancos, y otra, los hijos de aquellos, que hoy se ven en situación de desespero al no tener cubiertas ni siquiera las necesidades más básicas.

Siempre podremos acogernos a la caritativa limosna cristiana de una iglesia protegida y poco colaborante, que no paga impuestos y lucha contra derechos establecidos, o a los planes de ayuda de los países más ricos, que apadrinando niños españoles nos permitirán la lenta recuperación de una crisis que no es de todos, aunque nos la vendan constantemente así, que es de la banca española, que amparándose en una situación de alegría económica mal administró sus ingentes recursos, o podemos esperar el milagro de que aquellos corruptos (muchos) de la época decidan altruistamente devolver lo que se llevaron y aliviar las necesidades de tantas y tantas familias.

Quien nos ha visto, y quien nos ve…

Jose Ramiro, bloguero

lunes, 13 de agosto de 2012

El Gran Cabrón

Tengo la mala suerte de no ser creyente.

Si lo fuera, seria fácil consolarme de los males del mundo, de la mala gente y de sus malas acciones, de las guerras y de la pobreza, del hambre y de la mortalidad infantil, del terrorismo  y del terrorismo de los estados, de las dictaduras y de la esclavitud, del trabajo infantil y de las enfermedades, de la corrupción y de los abusos de las clases dominantes…, bien asumiéndolos como merecido castigo divino, bien asumiéndolos como obra del Maligno.

No quiero que se me interprete mal, y vaya por delante mi respeto hacia los creyentes, pero en el cristianismo y, supongo, por lo que veo, en las otras religiones hay algo que falla.

En realidad, sus principios, no tengo ninguna duda, son buenos, y aunque desde mi punto de vista parten de la falsa premisa (insisto que solo es mi punto de vista) de la existencia de un Señor Todopoderoso, que si realmente lo fuera, no debería ampararse en el manido supuesto del libre albedrío para no frenar los males de este mundo. Es incongruente que quien tuvo la capacidad creadora de dar forma y vida a todo lo existente, se haya despreocupado tanto de su creación o le haya dado la espalda.

Seguro que hay argumentos en todas las religiones para justificar ese aparente abandono.

Bien es cierto, que en alguna ocasión ha castigado con fiereza la maldad de los humanos, como hizo en Sodoma, y si el Maligno, como parece, es también obra suya, (tiene que serlo, porque sino no seria Él el principio de todo lo que existe) no se entiende que sea inmune a su castigo, que lo haya dotado de tanto poder como para que en el balance de bueno y malo salga siempre victorioso.

Sin duda, deben existir razones divinas que justifiquen lo injusto de esta situación.

Igual deben existir esas razones en otras religiones, que premian al que asesina con paraísos post-mortem o cortan manos de ladronzuelos, que lapidan mujeres por los pecados de sus maridos e impiden que se muestren al mundo ocultándolas bajo telas oscuras y fúnebres, como si no existieran…

Si bien, reconozco la bondad de los principios religiosos, no puedo dejar de pensar que el colectivo creyente se deja llevar más por las razones divinas que por las humanas, restando así propiedades al libre albedrío, poniendo en las manos del Todopoderoso la búsqueda de soluciones a los problemas terrenales. El “Dios proveerá” es siempre un recurso de ultima hora para los creyentes.

Las élites de las iglesias, los que mandan terrenalmente en ellas, son en muchos casos aliados del Satán Bíblico.

Cuando perdonan a violadores de niños y justifican la violencia sobre las mujeres y los más débiles, cuando acumulan riquezas, cuando muestran un comportamiento antisocial, cuando quieren imponer por ley sus creencias a todo ser a su alrededor, cuando defienden sus religiones con las armas, cuando ven como enemigo al ateo, cuando entienden que la homosexualidad o el lesbianismo son una enfermedad, cuando relega a la mujer a un lugar socialmente secundario, cuando las quieren encasillar en un papel de meras “reproductoras” y amas de casa, cuando las tapan y les impiden su normal desarrollo como personas, cuando les niegan la educación, cuando ensalzan el papel del hombre como ser dominante, cuando permiten el hambre y la pobreza mientras almacenan riquezas y compran acciones de grandes farmacéuticas que fabrican viagra o invierten en la industria armamentística, cuando se ponen del lado de dictadores y represores, cuando en una proclama absolutamente inhumana hablan de pecado por usar un preservativo, cuando justifican el sida como castigo divino por los desmanes del hombre en la tierra, cuando pecan en cada uno de lo que predican como pecados, se comportan como aliados del Maligno.

Estos, son sus aliados, no siervos del Dios que todo lo puede.

No hablo de los creyentes que profesando su fe, ayudan al prójimo, sienten misericordia ante las injusticias y colaboran plenamente en el desarrollo de una sociedad mas justa.

No hablo de los misioneros ni de los pastores de cualquier religión que en buena lid con su competencia intentan atraer más fieles a sus rediles.

No hablo de los curas de las iglesias ni de las monjas de los conventos, ni de los rabinos de las sinagogas ni de los imanes de las mezquitas, no generalizo.

No hablo de la gente buena, que la hay, y mucha.

Hablo de la mala gente.

Hablo de lobos disfrazados de pastores que mantienen a sus ovejas sumidas en el miedo al pecado mientras en su vida no existe ni ley ni orden, que salen de caza y recogen a las ovejas descarriadas con falsas promesas e ideas idílicas de un mundo que no existe, que amenazan con el castigo eterno al fuego del infierno si cometes sus mismos pecados, o que te incitan al peor de ellos, que es la muerte de un hermano, con la promesa de premios en un más allá, que como mínimo, es dudoso.

Hoy, los creyentes de verdad, los que profesan su fe en Dios, en cualquier Dios y con cualquier fe, deberían revelarse contra esos mandatarios que no representan al Ser Divino y más bien parecen diablillos comandados por el Gran Cabrón.

Si no se revelan, si no luchan contra el abuso y la perversión de unas iglesias que nada tienen que ver con lo divino, mal favor le hacen a sus creencias… y a la humanidad...

Jose Ramiro, bloguero

domingo, 12 de agosto de 2012

Presuntos

En China, ese lejano y enorme país asiático, se ha celebrado un juicio por la muerte por envenenamiento de un británico, Neil Heywood, llevado a cabo, siempre “presuntamente”, por la esposa del que fuera secretario general del Partido Comunista en Chongqing, Bo Xilai, depuesto de su cargo en el mes de marzo por, “presuntamente”, ser un corrupto e intentar sacar cifras millonarias de su país, tarea en la que colaboraba, “presuntamente”, el británico.

Gu Kailai, esposa de Bo, él mismo y Neil, el británico eran, además de amigos, socios en extraños negocios cuyo objetivo final era evadir cientos de millones de dólares  y llevarse la pasta (los billetes) del país. Parece ser que un desacuerdo en los términos económicos de sus últimas operaciones, donde el Neil, el británico cometió el error de pedir mas parte del pastel, fue lo que hizo que Gu, esposa de Bo, “presuntamente”, lo envenenara.

Gu, ha terminado por confesarse culpable del delito, diciendo que sufrió una enajenación pasajera y que Neil, el británico, había amenazado de muerte a Bo Guagua, hijo de Gu y de Bo.

Y los chinos, con la rapidez que los caracteriza cuando se trata de algo que pueda manchar al partido único, han celebrado ya el juicio. Un juicio celebrado en tiempo record, y donde el tema ha quedado visto para sentencia.

En el juicio, se ha identificado a Gu como autora intelectual del crimen, y a Zhang Xiaojun, asistente de la familia, como autor material, e imputan por encubrimiento a cuatro jefes de la policía que ocultaron pruebas y retrasaron la detención de la ideologa, hasta que, uno de estos jefes, Wang Lijun la delatara.

Lo habitual para este tipo de delitos, en China, seria una condena a muerte, que entre los chinos no deja de estar bien vista, aunque todo el mundo “se teme”, que al ser esposa de un alto cargo, la justicia sea con ella algo más blanda y magnánima.

Hoy, en ABC he leído de letras de Pablo M. Díez, corresponsal del diario en China, su sospecha de que nos quieren, presuntamente, engañar como a chinos con este juicio, y dice, que la justicia debería ser igual allí, en aquel lejano país, como aquí, en su Córdoba natal.

Tiene razón cuando dice que la justicia debería ser ciega, y sometida a los hechos probados, dictar sentencias justas, tanto aquí, en España, como en China o en la mismísima Cochinchina.

Lo penoso del asunto, es que en la comparación, no se quien sale perdiendo.

El estado de presunción, en España, es el estado natural (y casi permanente de los culpables de los delitos económicos. Denuncias que se archivan, expedientes eternos, pleitos inacabables, paseos de juzgado en juzgado…

Tenemos en Valencia (de forma muy llamativa) y en el resto de España una autentica caterva de imputados por corrupción, y están en sus casas, no en cárceles ni calabozos. Se juzga por prevaricación a jueces que imputan a políticos, y se dejan en libertad a políticos que arruinan bancos, cajas y países. Se deja en libertad al anciano Ruiz Mateos y a sus jóvenes hijos, después de timar y engañar a miles de españoles varias veces y se oye que un expresidiario como Mario Conde, penado por robo y desfalco, se va a presentar a las próximas elecciones, se perdona a unas “buenas monjitas” que trafiquen con alimentos de beneficencia y se cita judicialmente a un aforado por “demostrar” que el hambre acecha (por cierto, El Ministro del Interior, parece tonto o se lo hace, a un aforado, no lo puede citar ni la policía ni un tribunal ordinario). Se castiga a los ladronzuelos y se perdonan los desmanes de la Infanta y su marido. Se actúa con tremenda rapidez contra las protestas del pueblo y se demoran eternamente las querellas contra los causantes de la crisis. Se actúa con soberbia inadmisible desde los puestos dirigentes del Poder Judicial, que nos roba, que se aprovecha de los bienes del pueblo, y se le indemniza. Se permiten jubilaciones millonarias a aquellos que han llevado sus empresas a la ruina y se penaliza a funcionarios y trabajadores con mermas de sueldo e impuestos insoportables. Se castiga a los que no pueden pagarse una sanidad de ricos y se privatizan hospitales. Se recorta en educación y se crean universidades elitistas…

No se que justicia es mas ciega, si la china o la española.

Desde luego, la española solo ve lo que quiere… o lo que le dicen que puede ver…

China, no me cabe duda, es un país gobernado por un régimen totalitario, pero en España, la falsa democracia en la que nos movemos hace que seamos un país con un sistema absolutista, donde los deseos de quienes están en el poder prevalecen contra la voluntad del pueblo. Y es un castigo que va de cuatro en cuatro años, sumándose, haciéndose inacabable y del que la justicia, ciega o no, no nos puede sacar…

Solo desde la exigencia constante, desde la protesta pacifica, desde la insistencia seremos capaces, poco a poco de ir cambiando el sistema hasta conseguir la España que, “casi” todos, deseamos…

Para los Occidentales, es sabido que todos los chinos se parecen entre ellos.

Incluso sus nombres (Gu, Bo, Xi, Wang) se nos hacen fonéticamente parecidos.

España, esta dando una imagen de “Chinos” al resto del mundo occidental. Los altísimos niveles de corrupción, de descaro, de injusticia social hacen que todos los políticos estén manchados (de forma genérica) de esos delitos, y esa es la imagen que damos, de un país corrupto, donde todos somos iguales de corruptos y de injustos, que tiene, ni más ni menos, que lo que se merece…

Afortunadamente, los ciudadanos sabemos que no es así, y que tanto en la izquierda como en la derecha de la política española hay quien merece la pena, quien lucha de verdad por nosotros, quien se pone del lado de nuestras protestas y quien defiende, siempre con la diplomacia que pide “ser político”, nuestros mismos intereses y nuestras esperanzas…

Esos, si merecen la pena, el resto, tarde más, tarde menos, caerá en las redes de una justicia futura, que seguro, se quitara el pañuelo que le tapa los ojos y de verlos como “presuntos”, pasará a verlos como culpables…

Jose Ramiro, bloguero

sábado, 11 de agosto de 2012

Binarios

El mundo, nuestra vida, nos somete permanentemente a la prueba de la decisión.

Cada vez que nos encontramos ante una cuestión que exige una respuesta, se nos plantean alternativas, que nuestro cerebro descodifica en base a un sistema simple de comparación muy similar al que utilizan los grandes ordenadores.

Estos, no entienden otro lenguaje que no sea el de los ceros y los unos y constantemente se debaten entre los dos caminos

Nosotros, los humanos, pasamos por trances parecidos en nuestra vida, donde tras un análisis intenso de las situaciones donde se van descartando las peores opciones y al final, tenemos que optar por una de dos.

Como si las ideas fueran el muelle de un reloj, -tensión, distensión, tensión, distensión, tic, tac, tic, tac…- nos debatimos entre las dos ultimas posibilidades; como si de un péndulo se tratara, delante, detrás, izquierda, derecha, izquierda, derecha, …

Así es el mundo de las decisiones, un mundo binario, donde al final encontraremos un cero o un uno. No existen los estados intermedios, y las dudas en optar, siempre terminan en la inoperancia.

De esta manera, decidimos todos los pasos importantes de nuestra vida, me caso o no me caso; esta carrera o aquella; carne o pescado, frito o a la plancha…este coche o aquel… La vida esta llena de decisiones binarias.

Claro, que en los ordenadores, el software (salvo fallo de programación) decide siempre  la opción adecuada, mientras que en nuestros cerebros, en nuestras ideas, el error acecha y caemos en el con demasiada frecuencia. Esto es un “bug” de la naturaleza… un virus que nos lleva a tomar, a veces, decisiones incorrectas.

En los últimos meses, venimos presenciando el desmantelamiento sistemático del estado por parte del partido en el poder, y no puedo dejar de pensar en como es posible tomar cada una de las decisiones, en como es posible que cada ajuste, cada reforma, cada ley sea la contraria a la que determina el buen juicio.

Sin duda, es un error de programación.

Dejar rescatar a un país que no necesita el rescate, (la deuda es de los bancos y privada, no del estado) promover el indulto del ladrón, castigar al trabajador, favorecer el despido, (en una situación de paro, ya casi irreversible para esta generación) desmantelar la sanidad, romper la educación, perdonar al corrupto y llevar a los tribunales a los justos, elevar impuestos y subir tarifas, desamparar al desamparado y “retocar” leyes para convertirlas en inútiles…

Puede que no sea un error y si un virus.

Un virus que ataca a las gentes de derecha, convirtiéndolas en verdaderas fieras que creen estar en selvas urbanas, donde el poder lo da la fuerza. La fuerza de unos votos mal usados, conseguidos con mentiras y falacias. La fuerza del dinero derrochado y mal usado, comprometido por una tremenda corrupción que ataca hasta las más altas capas de “su” sociedad, gastado en salvar entidades bancarias que no merecen más que la condena y el cierre, robado a sus ciudadanos con absoluta impunidad…

Es un virus de alta peligrosidad, que es capaz de contaminar e infectar hasta sistemas tan distintos como son los políticos y los obreros, directivos y empleados, ricos y pobres, gente en general.

Si no fuera así, no se entiende que después de estos meses, no se haya iniciado una desinfección masiva de nuestra sociedad.

Existe el antídoto perfecto. Tiene nombre y forma y además, vacuna a las generaciones venideras.

Se llama Revolución… Pacifica, pero firme.

Hay que forzar el péndulo para que se mueva hacia la izquierda. Hay que declararse insumiso ante la injusticia. Hay que hacerles ver que el camino escogido es fruto de un error escrito en su propio programa, en sus genes. Hay que revelarse ante la inhumanidad de “reformas” que no son sino perdida de derechos adquiridos en años de lucha y perseverancia. Hay que decir que NO, que ya esta bien, que estamos hartos de abusos, de corrupción y de leyes que solo los protegen a ellos.

En los grandes sistemas computacionales, hace años que se viene investigando en sistemas de lógica difusa, que sobrepasa la estrechez de los sistemas binarios, posibilitando estados intermedios entre el cero y el uno, dando infinitas opciones a la hora de tomar decisiones o alternativas.

Nuestro sistema político, mal que nos pese, es una especie de sistema binario, donde los votos, con mucho, se reparten entre los dos grandes partidos estatales, como si no hubiera más opciones, y así, pasamos de la izquierda moderada (últimamente muy moderada) del PSOE a la derecha conservadora (últimamente muy conservadora del PP).

Hay más alternativas, que con los mensajes de estos dos grandes partidos, queda oculta, invalidada, resumida a unos pocos escaños, donde lo único que consiguen es airear alguna que otra protesta.

Las fuerzas de izquierda están desarboladas, como si no partieran de un mismo tronco común, y eso las debilita. El resultado, se paga en las urnas…

Y esa debilidad, ese “desarraigo” de la idea común de izquierdas hace fuerte a la derecha, la potencia, le da razones, le da argumentos, la afianza en sus desatinos…

La ruptura de la desunión, la unidad de la izquierda ante los abusos, y la adopción de miras comunes, la dotarían de una fuerza arrasadora, imparable, justa y honesta, que convencería al pueblo y lo uniría contra la barbarie de la derecha.

No olvidemos, que en esta propuesta incluye dos conceptos “antivirus”: justicia y honestidad. Aquí no vale la lógica difusa, y de nuevo nos enfrentamos al maldito binario, pero con resultados bien definidos: Cero corrupción. Cero injusticia…

Tic, tac, tic, tac, izquierda, derecha, izquierda, derecha…

En nosotros está parar el péndulo… y en qué posición…

Jose Ramiro, bloguero

miércoles, 8 de agosto de 2012

Pura lógica

Hoy pocos recordamos, salvo los muy mayores, la crudeza de la guerra civil que asoló España. Pocos recuerdan el hambre y las cartillas de racionamiento. La miseria y el miedo. Las redadas, las detenciones y los fusilamientos solo por pensar diferente de los indignos vencedores, fueron durante un tiempo norma de la casa.

Otros muchos, los más jóvenes, ni tan siquiera saben o recuerdan quien fue Francisco Franco, ese… “soldadito español” que “reconquisto” el país para la derecha más exacerbada, que destruyo un gobierno legítimo y que trajo y mantuvo tantas desgracias en los tiempos posteriores a aquella guerra.

Fue un dictador, un cruel y sanguinario dictador, por más que en el Diccionario Biográfico Español lo definan como que ” Franco fue un general valeroso y católico, que participó en un golpe de Estado contra un Gobierno caótico con el único fin de restaurar la monarquía democrática” y digan además que "Montó un régimen autoritario, pero no totalitario". Los encarcelados políticos, los trabajos forzados, los huidos a otros países y las más de 150.000 victimas de su represión, (cuya memoria por cierto no se quiere restaurar, ni respetar, y prueba de ello es el ataque y derribo efectuado por de la derecha española al Juez Baltasar Garzón, que lo intento) son la prueba irrefutable de su totalitarismo y de sus crímenes de lesa humanidad.

Durante muchos años, su férreo control amoldo la sociedad española a un servilismo mayoritario y a su muerte, fueron muchos los que lo lloraron.

Creo una sociedad basada en los “valores cristianos”, de misa dominical y mucho golpe de pecho, clasista, donde las fuerzas vivas de las ciudades -iglesia, guardia civil, mandos del ejército, empresarios ricos y “políticos afines al régimen”- eran los privilegiados, y el resto, la clase obrera, era despreciada.

Poco antes de su muerte dijo haber dejado todo “atado y bien atado” y tenía razón.

Después de años de democracia, después del enorme esfuerzo de la clase obrera para admitir en paz aquella transición, aquella salida lenta de la dictadura, sus herederos ideológicos están ahora en el poder, e  incluso, algunos en la oposición.

Son esos herederos los que ahora, con la falsa excusa de la crisis económica mundial, vuelven a someter al pueblo.

Son ellos los que recorte tras recorte y ajuste tras ajuste vuelven a hacer aparecer el espíritu del hambre y la miseria.

Son, los que quitan la ayuda a los dependientes, negando su existencia. Son los que modifican una ley del aborto absolutamente asumida por la sociedad (no por ellos, claro). Son los que rebajan sueldos y facilitan el despido. Son los que rompen el sistema educativo y hacen una universidad solo para sus hijos. Son los que destruyen la sanidad pública para “regalársela” a empresas privadas. Son los que privatizan todo lo público malvendiéndolo, cuando no cediéndolo de forma fraudulenta, con la escusa de recapitalizar el estado. Son los corruptos del poder. Son los que permiten el enriquecimiento injusto de algunos y condenan a la pobreza a otros. Son los que nos hacen asumir la deuda de los bancos y las empresas de sus amigos, condenándonos, hipotecándonos a nosotros y a nuestros hijos y a nuestros nietos. Son los que suben los impuestos y son los que quitan las ayudas a los parados. Son los homófobos que luchan contra el matrimonio igualitario. Son los racistas que reniegan de los inmigrantes que han trabajado en nuestra tierra. Son los que desprecian a los “sin papeles” solo por su miseria arrastrada desde sus países de origen. Son los que les quitan la sanidad y cualquier otro derecho que pudiesen haber conseguido. Son los que condenan los cubos de basura para impedir el aprovechamiento de lo que tiran los ricos. Son los que permiten el fraude fiscal e indultan a los ladrones y sinvergüenzas. Son los que perdonan el abuso de menores por parte de curas y obispos. Son los que no quieren putas en las calles pero son clientes asiduos de los prostíbulos. Son los que no condenan el terrorismo de estado al que nos están sometiendo. Son los que permiten el abuso a los de su clase mientras restringen la vida y las libertades de los demás. Son esos que se mueven en coches oficiales, rodeados de escoltas y de siervos. Son los que malgastan el dinero público en sus placeres personales. Son  los que prevarican y enchufan a familiares y amigos…

Son los herederos del fascismo cruel y autoritario de aquel Caudillo…

La historia, la verdadera historia, así los recordará.

Educado en ciencias mucho más que en letras, no entiendo mucho de leyes y si bastante de lógica. Vivo dentro de una sociedad y me comporto, creo, con exquisito civismo

Se, por ese civismo que practico a diario y por pura lógica, que robar es ilegal, y lo se sin ser letrado, juez o policía.

Entiendo, por tanto, que los actos cometidos ayer por el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) son delictivos y condenables.

Comprendo, que en defensa de la legalidad vigente, puedan ser perseguidos policial y judicialmente.

Lo se, lo entiendo y lo comprendo…

Pero aplicando la misma lógica, y situando esos actos en el contexto real de un país que está sufriendo los recortes y ajustes más bestiales de su historia reciente, los entiendo, los justifico y los apoyo como lo que han querido ser: un gesto hacia la tremenda injusticia social que devora nuestra sociedad.

Los tiempos del hambre se acercan.

En un país donde la situación laboral de mas de 5.000.000 de personas es la de desempleo, sin ayudas, sin posibilidades, sin políticas de crecimiento, sin apostar por industrias de futuro, pensando siempre en la vuelta del milagroso ladrillo y amparándonos en un sector de servicios cada vez mas deteriorado, los tiempos del hambre están cerca.

Mientras tanto, tenemos en el país al hombre que ocupa el tercer lugar entre los más ricos del mundo. Una fortuna amasada en el oriente y en Marruecos, donde la mano de obra se paga mal y los horarios laborales son maratonianos. Mano de obra prácticamente esclava. Una fortuna que, junto con la de otros muchos, está escondida en las tremendamente injustas SICAV tributando a un miserable 1%. Una fortuna que, junto con la de otros muchos estará parcialmente evadida a paraísos fiscales, en sociedades de valores ficticias creadas con el solo fin de evadir los capitales a sitios más seguros.

Ante tanta injusticia social, por pura lógica, tengo que ponerme del lado del ladrón que roba a los ricos para dárselo a los pobres. Es un acto solidario digno de mi más sincera admiración.

Solo cuando el estado actúe contra los defraudadores, contra los corruptos y abusadores, contra los evasores de capital, contra los banqueros y estafadores, contra la moralina de una iglesia también heredera del régimen, contra los políticos insensibles con su pueblo y contra la injusticia social, solo entonces, por pura lógica, apoyare el castigo a esos justos ladrones.

Es pura lógica…

Jose Ramiro, bloguero

De natural: cabreado

Si, no tengo muy buen carácter.

En mi familia dicen, y con razón, que cuando ya anciano me vea en la necesidad de recogerme en una residencia, no me van a aceptar de lo protestón que soy.

Y es que me altero con mucha facilidad. Tengo como un resorte en mi cerebro que salta cada vez que presencio una injusticia, un abuso, un mal gesto o una respuesta inadecuada. Es como una enfermedad alérgica lo que me produce esa intolerancia y mi organismo se revuelve y reacciona siempre a la defensiva.

Así, cuando leo determinadas cosas, se me erizan los vellos de los brazos y siempre pienso en que la humanidad esta mal diseñada.

Ayer, en todos los medios, apareció una noticia sobre el alcalde de Marinaleda, el parlamentario andaluz Sánchez Gordillo, que emulando aquellos “buenos” bandoleros de otra época y con el apoyo con 200 sindicalistas del SAT habían entrado en una gran superficie y “socializado” un buen montón de “carritos” llenos de alimentos para llevarlos a los comedores sociales… Robar a los ricos para dárselo a los pobres… Hacer el mal para conseguir el bien

Inmediatamente pensé en la infracción de la ley que significaba el asunto y en que era un comportamiento anárquico no deseado, inconsentible... Si cundiera el ejemplo, entraríamos en una revuelta social sin precedentes que sumiría al país en una sin razón absoluta.

Después, ya más tranquilo, recordé que hace años había leído otra noticia llena de injusticia: En Almería, una gran cooperativa del tomate, tira 1.000.000 de Kg. de tomates a la basura diariamente, porque los elevados precios que imponen los mayoristas impiden su venta…

Y recordé otras: Las grandes superficies riegan con abundante lejía los productos que desechan aun en buen estado para que sean inaprovechables o ponen candados en los contenedores para impedir el acceso de los desafortunados que hurgan en ellos…

Claro, mentalmente, ya empecé a encontrar justificación al acto “deleznable” cometido por Sánchez Gordillo.

No justifico ni la violencia ni el robo, pero… cuando la necesidad aprieta…

Quien, en una situación de hambre no lo haría. Quien viendo los enormes beneficios de las grandes cadenas comerciales de alimentación y su comportamiento antisocial no vería con buenos ojos el acto en si. Quien viendo su enriquecimiento y desde la ausencia de capacidad económica no lo haría.

Un acto simbólico, no me cabe duda, para marcar la injusticia que día tras día se produce cuando se tiran alimentos a la basura mientras hay gente necesitada de ellos. Un acto de insumisión contra una sociedad enferma de avaricia y dañina con sus componentes.

Y es que verdaderamente vivimos bañados de injusticia social.

Sanidad exige a los inmigrantes “sin papeles” 710 .-€  al año para darles cobertura sanitaria.

¿De donde?

Son inmigrantes que han huido de sus países donde la situación es aun peor, indocumentados sin ningún derecho, y en muchos casos sin ningún ingreso. Gente, que las más de las veces subsisten gracias a la mendicidad y a la caridad de los españoles cuando no en puestos de trabajo ilegales que difícilmente les da para sobrevivir. Gente que, muchas veces, dependen de la ”rebusca” en las basuras para echarse algo al estomago…

Ana botella propone una “retirada” de mendigos de las calles de Madrid porque molestan a los servicios de limpieza y esto además afea la ciudad. Se ve que no les caben en los cubos… Si te pillan rebuscando en los contenedores de basura, te sancionan hasta con 750.-€.

El gobierno anda tomando medidas, dicen, para sacarnos de la crisis.

Medidas, que a una buena parte de la sociedad les afecta de forma muy dañina.

Retirar la ayuda de 400.-€ a los parados; obligar a pagar a los chavales que lleven la comida de casa un precio “simbólico” por utilizar las instalaciones de los colegios; rebajar salarios o retirar parte de los mismos; permitir, de hecho, el libre despido y asumir deudas de empresas que ilícitamente las han contraído; cerrar hospitales y recortar en educación y cargar la mano siempre sobre los desfavorecidos es dañino para la mayoría de la sociedad.

Nos hacen vivir en un mundo injusto, y ante tanta ignominia, tendremos que terminar convertidos en “buenos” bandoleros…

¿Es para estar cabreado o no…?

Jose Ramiro, bloguero

martes, 7 de agosto de 2012

Un planeta rojo

Cada día me propongo escribir algo alegre y ligero, algo que aligere por lo menos durante un rato la sensación de angustia que genera este tiempo que vivimos.

No lo consigo.

Cuando me pongo a escribir, me asaltan los titulares de la prensa, y los rumores de la calle como si fueran lobos y yo un pobre cordero.

Hoy, la humanidad, ha dado un ¿gran? Paso. Hemos aterrizado en Marte (supongo que se dirá “amartizado”), un planeta lleno de misterios y fantasías, de donde en el pasado venían a invadirnos seres malignos y monstruosos, casi siempre bajitos, cabezones y de color verde (lo cual es una tontería. El mejor color para un marciano seria el rojo, que es el que mejor los ocultaría a los ojos de posibles invasores), pero que en realidad es poco más que un desierto que si algo tiene de bonito es su color rojo, que no se porque, no identifico con el fuego del infierno, sino con términos como solidaridad, altruismos, compasión e igualdad.

Bueno, también tiene grandes valles y altísimas cordilleras que dejan en el mas absoluto enanismo a nuestros colosales picos.

Se trata de averiguar si alguna vez en ese planeta existió agua, y si fue así, si quedan restos de la vida que allí pudo desarrollarse.

Científicamente es muy interesante, porque aunque en un futuro aun lejano, siempre existe la posibilidad de que, en base a la tentación humana de “conquistar todo lo conquistable”, todo lo que no es nuestro y se nos pone al alcance, podamos humanizarlo, y, al final destruirlo, que es lo que mejor se nos da.

También es muy caro. Sin contar con todos los pasos que hemos tenido que dar con anterioridad, este experimento, el actual, lleva ya 2.500.000.000.-$ gastados. A lo largo de su vida, que se le considera de un par de años, cientos, probablemente miles de personas estarán sin quitarle ojo a ese tractorcito tecnológicamente avanzadísimo que va haciendo fotos y recogiendo muestras allá donde se mueve que hemos mandado, viviendo de este e incrementando su costo.

Si la exploración y los experimentos que va a realizar dieran un resultado positivo, podríamos dar por justificada tan alta inversión.

La tierra, el único planeta habitable que conocemos, esta bastante deteriorado después de los abusos a la que la hemos sometido, por lo que evaluar posibles “segundas residencias” no es un mal plan.

Claro, que esos inmensos recursos que estamos dedicando a los caros y tecnológicamente complicadísimos viajes interplanetarios los dedicáramos a “curar” nuestro planeta, igual no hacia falta plantearse, como se que esta en la mente de nuestros preclaros gobernantes, una emigración masiva hacia otro…

Dejar de utilizar combustibles fósiles e iniciar un camino, que se que no es fácil ni claro, por las energías renovables (eólica, fotovoltaica, biomasa, etc.) tendría hoy un enorme costo, pero entiendo que si no gastáramos tanto en “viajes alucinantes” nos lo podríamos permitir.

Claro que significaría la ruina de los grandes productores de electricidad e hidrocarburos, pero, el que algo quiere, algo le cuesta, y ellos, esos grandes productores han ganado, y mucho (y los políticos que han pululado a su alrededor también), durante más tiempo del que podemos recordar.

Nuestros gobiernos no están en esa línea, y se entretienen en incumplir los acuerdos internacionales en cuanto a emisión de gases nocivos para nuestra atmosfera, considerando cada uno de ellos que tiene derecho a ensuciar el trozo de cielo que pende sobre sus cabezas. No se dan cuenta de que, como a los antiguos galos, el cielo, se les puede caer encima.

Pero ellos, están en otras cosas.

Analizan el mundo desde una perspectiva temporal generacional, sin pensar en el futuro ni en la herencia que van a dejar a los nietos de sus nietos.

Viven por y para su tiempo de gobierno y en la mayoría de los casos para sacar el máximo provecho personal y económico de ese tiempo. De ninguna manera viven por y para el pueblo que los eligió.

Es penoso, pero real como la vida misma.

Nos endeudan, apuestan por el petróleo y pelean por el. Favorecen a las grandes multinacionales de la energía y no sienten nada de culpabilidad por el daño que se le está causando a nuestro mundo.

Se sienten los amos. Se saben los amos. Se comportan como amos.

Sus asesores científicos (como el primo de Rajoy) les dicen que no pasa nada, que son fantasías de las mentes poco cultas, que qué es eso del cambio climático, que un vertido de crudo son poco mas que unos hilillos en el mar, que el efecto invernadero y el agujero de la capa de ozono es algo coyuntural y que la Madre Tierra es autoregenerativa…

Se equivocan estos iluminados. El daño que estamos causando YA es irreversible…

Se equivocan…

En un futuro probablemente no muy lejano, si seguimos por donde vamos, Marte seguirá siendo el planeta rojo, y la Tierra, en vez de ser el bellísimo planeta azul que es ahora, se convertirá en un planeta gris, mustio, apagado, muerto…

En fin, otra vez, no me ha quedado alegre. 

Mis disculpas…

Jose Ramiro, bloguero