No me refiero a la propia
muerte, que esa no nos la cambia, sino que acaba con ella... Me refiero a la
muerte de los demás.
Cuando muere un familiar,
un conocido, un amigo o incluso algún buen vecino, nos embarga un sentimiento
de tristeza, de impotencia, de rabia contenida, que hace que el corazón se nos
ralentice, como si quisiese pararse a la vez que el del fallecido, como si un
noble deseo de acompañarlo en ese ultimo viaje nos sedujese y nos arrastrase.
Estas sensaciones son en
todo caso momentáneas, y salvo el trocito de corazón que nos habrá arrancado la
muerte en su deambular por nuestra cercanía,
el tiempo, que todo lo cura, que todo lo borra, poco a poco va borrando
de nuestra mente ese ilógico sentimiento como de culpa que arrastramos durante
los días siguientes al óbito. Después solo quedaran los buenos recuerdos, los
momentos más felices y las más bellas imágenes fantasmagóricas que nunca
abandonaran nuestro sentir. Se irán diluyendo en el tiempo las malas acciones,
los enfados, las controversias que hayamos podido tener...
Es curioso, como la muerte
de alguien marca nuestra vida. Como si de peldaños de una escalera infinita se
tratara en la vida vamos subiendo peldaño a peldaño y con cada muerte, con cada
tragedia vivida, nos acercamos mas a una cima incierta donde lo que nos espera
es la propia muerte, que sonriente y satisfecha, llena de infinita paciencia,
nos espera en todo lo alto, y que desde allí nos acecha, nos vigila, nos
pretende...
Siempre, tras el amargo
trago, surgen propósitos de mejorar en nuestra vida, cuidarse un poco mas,
alejarse del tabaco y de otros vicios quizás inconfesables, pasar mas tiempo
con los seres queridos, disfrutar algo mas de la familia, entregar parte del
resto de nuestra vida al solaz y el disfrute...
Buenas intenciones que
frecuentemente quedan en nada...como las promesas de año nuevo... El ritmo
acelerado de esta vida que llaman moderna, y que casi no es vida termina arrastrándonos,
llevándonos en su caudaloso devenir por senderos que no somos capaces de
abandonar, Así, volvemos a caer en el
pecado, retomamos vicios y costumbres insanas, volvemos a la monotonía diaria, dejamos
el deporte solo para el domingo por la tarde delante del televisor, y
recortamos, que ahora esta muy de moda, lo que debiera ser nuestra vida.
Los gobernantes, y los políticos
de la oposición, los jueces y los legisladores, aun por mimetismo tienen un
comportamiento similar, cuasi humano en sus decisiones, y la impronta de la
muerte hace que se pongan las pilas con determinados asuntos.
Hacen falta muertos...
Hace falta que haya
muertos para que se muevan, para que legislen y para que acerquen sus
decisiones a algo que parezca humano, a algo que haga que parezca que son
humanos. En realidad, es solo mimetismo social. Ellos no son humanos, al menos
en sus sentimientos.
Poco importa que se estén
llevando a cabo 500 desahucios diarios, poco importa que en los juzgados se
amontonen mas de 200.000 expedientes de lanzamiento, poco importa que la
desmedida ambición de los bancos deje tiradas familias enteras en la calle,
poco importa condenar a un pobre abuelete, que con la mejor de sus intenciones
avaló la compra del piso de su nieto favorito, a la mas absoluta pobreza y deslocalización,
poco importa el sufrimiento de las personas a esos personajes de apariencia
humana pero con corazón de hierro forjado en las calderas del mas cruel de los
infiernos
Hacen falta muertos...
Ahora, que se empieza a
conocer la tragedia de los suicidios impulsados por esa miserable y acaparadora
forma de trabajar de los bancos, los dos grandes partidos dicen haber llegado a
un acuerdo para parar esto.
Para parar... ¿Qué? ¿Quizás van a impedir que
se produzcan mas desahucios, quizás van a obligar a la banca a mantener las
tasaciones de origen, quizás los obligaran al alquiler social, o admitirán que
se produzca la lógica y absolutamente justa dación en pago?
Quizás solo sea una
postura de cara a la galería, o pasen meses antes de que tomen una decisión y
legislen, quizás sea una mas de las promesas incumplidas...
Hacen falta muertos...
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Se tiene que poner guapa para su marido, como buena esposa cristiana... |
Digo yo, que la señora Botella, de
Aznar, Doña Ana, no debió poder anular la reserva que tenia en ese Spa de lujo
en Portugal y que por esos se fue, a pesar de la tragedia del Madrid arena,
digo yo... que igual no le dio tanta importancia. Sólo eran cuatro o cinco
jovenzuelas muertas...
No importa
Ahora, tras la perdida de
esas jóvenes vidas, en claro gesto hacia los que la miramos con malos ojos,
dice que ya no permitirá más eventos de este tipo.
Alguna cabeza de turco
terminara rodando en el cadalso y pagando por esas muertes, aunque seguro que
de forma bastante suave. Ni ella, ni los técnicos. Municipales que consienten
el funcionamiento de un local que no reúne las suficientes medidas de
seguridad, ni el ambicioso empresario que vendió más del doble de las entradas
autorizadas terminarán en el duro banquillo de un juzgado... Ni tan siquiera
habrá ninguna dimisión. Torres Dulce, el fiscal, igual que nuestro numerario
Ministro del Interior insisten en culpabilizar a los padres de las fallecidas
del tremendo final de sus hijas, padres depravados que permiten la asistencia
de sus hijas a tan lujurioso lupanar, verdadera cueva de malhechores, sin tener
en cuenta que por encima del probable abuso de alcohol y de la adrenalina que
se descarga en sangre en este tipo de eventos, si todas las puertas de
emergencia hubieran estado habilitadas, el siniestro suceso quizás no habría
ocurrido, que si la empresa de seguridad hubiese sido segura, se habrían tomado
otras medidas, sin pensar que podría haber sido peor, si alguna de esas
bengalas hubiesen incendiado el edificio con 20.000 personas dentro y sin que
los bomberos pudieran llegar por la falta de altura de las cornisas...
Pero ha habido muertos. Ahora
todos dirán que es verdad, que esto hay que arreglarlo...
Hacen falta muertos...
La violencia machista no
para de generar victimas, engordan las cifras casi cada día, y esas muertes algún
día harán que alguno de los políticos enarbole la bandera de justiciero y
proponga que se retiren los recortes en protección y en prevención, que se
renueven unas miserables subvenciones que salvan vidas, que evitan el crimen,
que se retomen las campañas de concienciación para hacer que los hechos
denunciables terminen denunciados. Algún político saldrá en defensa de esas
victimas...
Sólo hacen falta más
muertos...
Cuando el hambre y la
enfermedad, cuando la miseria y la inmundicia, cuando el frío y la lluvia
empiecen a romper las estadísticas de expectativas de vida en nuestro país,
empezarán a hablar de los servicios sociales desaparecidos, del paro que lleva
a las personas a dormir en los cajeros de los bancos o envueltas en cajas de cartón
que con toda probabilidad envolvían paquetes con caros contenidos. Ahora esos
cartones sirven de mortaja, de sudario improvisado en vida para muchas gentes.
Cuando haya más muertos...
Después, unos meses de discusiones
y de tirarse trastos entre los principales partidos, y mas tarde, cuando la situación
este a punto de reventar en las calles, nos volverán a hablar del gran consenso
social que han logrado, nos venderán su saber hacer y sus increíbles
capacidades de negociación...
Miserables. ¿Por qué
esperan a que haya muertos?
Jose
Ramiro, bloguero
No tengo palabras para expresar lo que siento cuando te leo, es como si expusieras mis pensamientos en los escritos que haces. Y ahora una pregunta, ¿A que te dedicas y de donde eres? ¿si puede ser?
ResponderEliminarAmigo Romero, hoy he he estado ocupado algo más de lo normal y por eso no te hice ningún comentario a tu escrito, como es mi costumbre.
ResponderEliminarPausadamente vas entrelazando los acontecimientos que desmenuzas cuidadosamente, para que vayan penetrando en nuestra alma.
Miserables, es poco, yo llevo ya tiempo diciendo que son unos sinvergüenzas.
Saludos de madrugada.
Inapelable. Difícil creer que se estime que cuiden de nosotros si no se empieza por una coherencia de criterios sobre la defensa de unos derechos básicos civiles. Difícil creer que si uno no advierte de los peligros que le rodean desde bien pequeño (educación) creo que cavaremos la propia tumba que; a fin de cuentas, en vida, entre cartones, algunos han elegido por lesa salida y falta de opciones personales. Fruto de la derivada engañosa de -somos iguales- demuestra que estamos a merced de estos politicastros.
ResponderEliminarCordialmente y no tan asiduamente lector tuyo como quisiera, te saludo.