domingo, 22 de abril de 2012

Habráse visto cosa igual. Monjas revolviendose conta la Santa Sede

La fetofilia de la Iglesia

La vigilancia que el Papa ha encargado al arzobispo se refiere a la llamada Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas (LCWR), que representa nada menos que al 80% de todas las monjas que hay en EE.UU. que, está claro, se han vuelto díscolas y  tienen ideas subversivas respecto a los homosexuales, a los que no odian, o sobre la ordenación de mujeres, de la que deben ser partidarias;  y por salirnos un poco de la cuestión sexual, parece que las monjas son incluso partidarias de la reforma sanitaria de Obama para que los pobres tengan derecho a recibir asistencia sanitaria, ¡habrase visto!. Así que el Papa ha puesto ha varios hombres a la tarea de controlar el descontrol femenino.

La obsesión que tiene la iglesia por los fetos es ya conocida. Es una institución fetofílica. Los fetos son importantísimos en tanto fetos pero cuando pasan del estado de feto al de recién nacido, entonces la cosa cambia y cualquier monja puede robárselos a esas madres que los quisieron tener a pesar de las dificultades y que no abortaron. A esas madres casi heroicas la Iglesia no les dio un premio en forma de plaza de guardería, por ejemplo, sino que les robó a sus hijos e hijas. En la misma línea fetofílica, Rouco ha criticado esta misma semana los diagnósticos prenatales porque, según él, impiden nacer a los discapacitados. De nuevo esta preocupación tan netamente católica por los discapacitados antes de nacer y no por los discapacitados ya nacidos. No he escuchado a la iglesia criticar el desmantelamiento de la ley de dependencia, por ejemplo, ni preocuparse por la falta de asistencia o de medios que sufren estas personas, ya nacidas, y sus familias.