miércoles, 8 de agosto de 2012

Pura lógica

Hoy pocos recordamos, salvo los muy mayores, la crudeza de la guerra civil que asoló España. Pocos recuerdan el hambre y las cartillas de racionamiento. La miseria y el miedo. Las redadas, las detenciones y los fusilamientos solo por pensar diferente de los indignos vencedores, fueron durante un tiempo norma de la casa.

Otros muchos, los más jóvenes, ni tan siquiera saben o recuerdan quien fue Francisco Franco, ese… “soldadito español” que “reconquisto” el país para la derecha más exacerbada, que destruyo un gobierno legítimo y que trajo y mantuvo tantas desgracias en los tiempos posteriores a aquella guerra.

Fue un dictador, un cruel y sanguinario dictador, por más que en el Diccionario Biográfico Español lo definan como que ” Franco fue un general valeroso y católico, que participó en un golpe de Estado contra un Gobierno caótico con el único fin de restaurar la monarquía democrática” y digan además que "Montó un régimen autoritario, pero no totalitario". Los encarcelados políticos, los trabajos forzados, los huidos a otros países y las más de 150.000 victimas de su represión, (cuya memoria por cierto no se quiere restaurar, ni respetar, y prueba de ello es el ataque y derribo efectuado por de la derecha española al Juez Baltasar Garzón, que lo intento) son la prueba irrefutable de su totalitarismo y de sus crímenes de lesa humanidad.

Durante muchos años, su férreo control amoldo la sociedad española a un servilismo mayoritario y a su muerte, fueron muchos los que lo lloraron.

Creo una sociedad basada en los “valores cristianos”, de misa dominical y mucho golpe de pecho, clasista, donde las fuerzas vivas de las ciudades -iglesia, guardia civil, mandos del ejército, empresarios ricos y “políticos afines al régimen”- eran los privilegiados, y el resto, la clase obrera, era despreciada.

Poco antes de su muerte dijo haber dejado todo “atado y bien atado” y tenía razón.

Después de años de democracia, después del enorme esfuerzo de la clase obrera para admitir en paz aquella transición, aquella salida lenta de la dictadura, sus herederos ideológicos están ahora en el poder, e  incluso, algunos en la oposición.

Son esos herederos los que ahora, con la falsa excusa de la crisis económica mundial, vuelven a someter al pueblo.

Son ellos los que recorte tras recorte y ajuste tras ajuste vuelven a hacer aparecer el espíritu del hambre y la miseria.

Son, los que quitan la ayuda a los dependientes, negando su existencia. Son los que modifican una ley del aborto absolutamente asumida por la sociedad (no por ellos, claro). Son los que rebajan sueldos y facilitan el despido. Son los que rompen el sistema educativo y hacen una universidad solo para sus hijos. Son los que destruyen la sanidad pública para “regalársela” a empresas privadas. Son los que privatizan todo lo público malvendiéndolo, cuando no cediéndolo de forma fraudulenta, con la escusa de recapitalizar el estado. Son los corruptos del poder. Son los que permiten el enriquecimiento injusto de algunos y condenan a la pobreza a otros. Son los que nos hacen asumir la deuda de los bancos y las empresas de sus amigos, condenándonos, hipotecándonos a nosotros y a nuestros hijos y a nuestros nietos. Son los que suben los impuestos y son los que quitan las ayudas a los parados. Son los homófobos que luchan contra el matrimonio igualitario. Son los racistas que reniegan de los inmigrantes que han trabajado en nuestra tierra. Son los que desprecian a los “sin papeles” solo por su miseria arrastrada desde sus países de origen. Son los que les quitan la sanidad y cualquier otro derecho que pudiesen haber conseguido. Son los que condenan los cubos de basura para impedir el aprovechamiento de lo que tiran los ricos. Son los que permiten el fraude fiscal e indultan a los ladrones y sinvergüenzas. Son los que perdonan el abuso de menores por parte de curas y obispos. Son los que no quieren putas en las calles pero son clientes asiduos de los prostíbulos. Son los que no condenan el terrorismo de estado al que nos están sometiendo. Son los que permiten el abuso a los de su clase mientras restringen la vida y las libertades de los demás. Son esos que se mueven en coches oficiales, rodeados de escoltas y de siervos. Son los que malgastan el dinero público en sus placeres personales. Son  los que prevarican y enchufan a familiares y amigos…

Son los herederos del fascismo cruel y autoritario de aquel Caudillo…

La historia, la verdadera historia, así los recordará.

Educado en ciencias mucho más que en letras, no entiendo mucho de leyes y si bastante de lógica. Vivo dentro de una sociedad y me comporto, creo, con exquisito civismo

Se, por ese civismo que practico a diario y por pura lógica, que robar es ilegal, y lo se sin ser letrado, juez o policía.

Entiendo, por tanto, que los actos cometidos ayer por el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) son delictivos y condenables.

Comprendo, que en defensa de la legalidad vigente, puedan ser perseguidos policial y judicialmente.

Lo se, lo entiendo y lo comprendo…

Pero aplicando la misma lógica, y situando esos actos en el contexto real de un país que está sufriendo los recortes y ajustes más bestiales de su historia reciente, los entiendo, los justifico y los apoyo como lo que han querido ser: un gesto hacia la tremenda injusticia social que devora nuestra sociedad.

Los tiempos del hambre se acercan.

En un país donde la situación laboral de mas de 5.000.000 de personas es la de desempleo, sin ayudas, sin posibilidades, sin políticas de crecimiento, sin apostar por industrias de futuro, pensando siempre en la vuelta del milagroso ladrillo y amparándonos en un sector de servicios cada vez mas deteriorado, los tiempos del hambre están cerca.

Mientras tanto, tenemos en el país al hombre que ocupa el tercer lugar entre los más ricos del mundo. Una fortuna amasada en el oriente y en Marruecos, donde la mano de obra se paga mal y los horarios laborales son maratonianos. Mano de obra prácticamente esclava. Una fortuna que, junto con la de otros muchos, está escondida en las tremendamente injustas SICAV tributando a un miserable 1%. Una fortuna que, junto con la de otros muchos estará parcialmente evadida a paraísos fiscales, en sociedades de valores ficticias creadas con el solo fin de evadir los capitales a sitios más seguros.

Ante tanta injusticia social, por pura lógica, tengo que ponerme del lado del ladrón que roba a los ricos para dárselo a los pobres. Es un acto solidario digno de mi más sincera admiración.

Solo cuando el estado actúe contra los defraudadores, contra los corruptos y abusadores, contra los evasores de capital, contra los banqueros y estafadores, contra la moralina de una iglesia también heredera del régimen, contra los políticos insensibles con su pueblo y contra la injusticia social, solo entonces, por pura lógica, apoyare el castigo a esos justos ladrones.

Es pura lógica…

Jose Ramiro, bloguero