domingo, 27 de mayo de 2012

Un país hundido, deprimido...

Un país hundido.

Hundido económicamente, tras chocar con el monstruoso iceberg de la banca y el ladrillo.

Hundido moralmente tras unos pocos meses de gobierno del PP, en el que mucha gente había puesto sus esperanzas y a quienes sistemáticamente han estado engañando.

Hundido políticamente por un gobierno antisocial y una oposición de goma espuma.

Hundido anímicamente por una situación laboral y social insostenible.

El gran boquete económico en el que estamos sumidos no es fácil de tapar. No tenemos con que. Ahora mismo, subastamos deuda y la pagamos a un alto interés y con lo que conseguimos pagamos deuda contratada en su día a un interés más bajo, con lo que lejos de mejorar, parcheamos la situación y empeoramos. Cada día debemos más, no menos. Mucho se ha hablado de la herencia socialista. Tiemblo de pensar en la que van a recibir las futuras generaciones de este país.

Las actitudes arrogantes y poco dialogantes del gobierno dando soluciones excepcionales a situaciones excepcionales, desengañando al ciudadano cuando no indignándolo. Restando en servicios sociales y bienestar para “regalarle” fondos casi sin limite a la banca. Pagando indemnizaciones millonarias a los responsables del crack económico. Permitiendo el gasto incontrolado de personajes que socialmente deberían ser ejemplo. Manteniendo una justicia absolutamente parcializada que favorece a los “amigos”, penando con 40 años a unos ladrones de chorizos y morcillas y dejando en libertad a estafadores y personajes de cierta altura. Corresponsabilizando a la ciudadanía de los desmanes de gerentes ineptos cuando no corruptos. Manteniendo situaciones de injusticia social como son los desahucios en muchos casos. Permitiendo que los poderosos tomen el control del país. Mermando las capacidades educativas, sanitarias y sociales del pueblo. Y más.

Ver que además, no hay revuelta popular contra ellos, y que las urnas aun hoy los mantendrían en el gobierno, a mi, al menos, me hunde la moral.

Que en el gobierno se mienta permanentemente, que los cercanos a ese mismo gobierno justifiquen las mentiras amparándose en cualquier escusa (herencia socialista, Grecia, El entorno socioeconómico europeo…), que se radicalice cada día mas el discurso del poder, sometiéndonos a presiones mediáticas y llevando el país a una situación de hace muchos años ya, mientras la oposición se maneja en medias palabras, sin ejercer de verdad de lo que es, solo buscando el éxito social de propuestas, que, alguna vez los llevarán al poder, donde, cuando lleguen, su comportamiento no apunta a ser mejor que el de los que hoy están en él.

Políticamente el país esta perdido y necesitaría una renovación total y absoluta. Nuevas ideas, nuevos conceptos, y sobre todo, nueva gente. Gente no contaminada ni aposentada en posiciones relativamente cómodas, que acometan el futuro con ilusión y sin miedo.

Que las cifras de paro no es que estén “paradas”, sino que crecen y seguirán creciendo, que los salarios estén, en el mejor de los casos, congelados, cuando no bajando, que las nuevas modalidades de contrato se parezcan mas al esclavismo del siglo IXX que a los de las sociedades modernas, que los jóvenes que quieren trabajar no encuentren ninguna oportunidad digna que no sea marcharse del país, y aun así, que si alguno encuentra trabajo o es emprendedor no encuentre ayuda en la banca para iniciarse en el mundo empresarial mientras continúan los dispendios en cosas absurdas y en salarios que sufren de gigantismo en los dirigentes de las empresas y los bancos, todo esto y mas, desanima hasta al mas animoso.

En Grecia, el hundimiento del país ha llevado ya a varios ciudadanos al suicidio, prueba del desanimo, prueba de la falta de esperanza, prueba de la falta de fe en las soluciones gubernamentales, que allí como aquí, no van en el camino adecuado.

Hoy, los españoles vemos la botella medio vacía, y con la actitud de nuestros dirigentes, pronto la vamos a ver vacía del todo.

Nos estamos hundiendo, si, y no tenemos salvavidas para todos…

José Ramiro, bloguero