domingo, 19 de agosto de 2012

Serpiente de verano


Desde siempre, el verano es parco en noticias. La temporada vacacional parece que frena todas las actividades, políticas, sociales e incluso delictivas, y la prensa diaria busca ávidamente algo que contarnos.

Salvo incendios ocasionales y crímenes pasionales, que estos no se toman vacaciones, es frecuente ver a nuestros artistas y famosotes en fotografías a toda plana. Las revistas del corazón nos hablan de la agradable temporada que tal o cual esta pasando en no se que sitio exótico, de la boda estilo no se sabe cual de una pareja televisiva que poco después nadie recordará, o de la visita del Monarca a algún lugar de España que ya hace tiempo que no visitaba, de la Reina, de las Infantas, del marido sinvergüenza de una de ellas, del Príncipe heredero y de la Princesa de sangre poco azul, de sus hijos, de sus barcos, de sus palacios y de lo bien que se lo pasan mezclándose con el pueblo mientras un montón de fotógrafos, que no tienen nada que hacer, buscan el gesto, la mirada o el descuido que puedan vender a la prensa amarilla…

Se convierte en noticia cualquier cosa y las portadas se llenan de letras sin importancia que la prensa convierte en importantes. Todo sea por vender algún ejemplar más y mantenernos entretenidos. Son las noticias llamadas popularmente serpientes de verano, que reptan por la prensa y las revistas dejando un rastro baboso con olor ligeramente nauseabundo..

Las grandes del espectáculo hacen posados que después dirán que son “robados”, las paginas interiores se llenan de atractivas mujeres de la jet en bikinis de diseñadores de moda, muy reconocidos en las tiendas de lujo, y nos enseñan sus mansiones, edificadas en paisajes paradisíacos y decoradas por interioristas de prestigio internacional. Se fotografían en familia y nos demuestran lo felices que son.

A falta de importantes noticias, los periódicos convierten lo poco importante, lo banal, en las noticias del día

Pero, en verano, la vida no para, y si bien esa sociedad que nos enseñan, que tontamente muchas veces admiramos y las más envidiamos, disfruta de un estío maravilloso, lleno de risas y placeres, de fiestas y de lujos, es solo de unos pocos.

Los más, pasamos nuestras vacaciones de otra forma y en otros lugares. Viajamos en coche a playas lejanas, nos hacinamos en playas publicas donde es difícil extender una toalla, llenas de abuelos, hijos y nietos, playas familiares, mal comemos en chiringuitos y sitios de comida rápida y residimos en apartamentos amontonados en grandes torres edificadas a orillas del mar, donde encontrar un sitio para aparcar es una especie de gincana complicada en la que tenemos que participar forzosamente, en pueblos pensados para explotar el turismo y que son los que verdaderamente hacen el agosto.

Los demás, “sufrimos” el agosto…, y después de unos pocos días de “descanso” volvemos a cargar el coche con nuestros bártulos vacacionales, y retomamos la vida diaria, la normal, la que con sus rutinas es capaz de aportarnos algo de paz y sosiego…

Ellos, los privilegiados, los poseedores de “fortunas” regias y los nuevos ricos procedentes de programas basura que durante el año se destripan unos a otros, los que se marchan a caros Hoteles y playas del antiguo paraíso terrenal, los que festean con nocturnidad vestidos de moda por algún diseñador que aprovecha para publicitarse, los que invitan en los locales de moda a fin de atraer a curiosos de ver la divinidad de esos seres terrenales (que además cobran por estar allí), los que celebran fiestas “benéficas” que reúnen a lo “mejor” de la sociedad y que después llenaran los interiores de las revistas, esos, esos si disfrutan de las vacaciones, y salvo la inoportuna visita del paparazzi de turno, descansan y se relajan… y recuperan fuerzas para el resto del año.

Serpientes de verano…

Al menos, dejamos de ver algunos días noticias de guerras que nos parecen lejanas, tragedias cercanas de gente que no puede disfrutar de ningún tipo de vacaciones, noticias judiciales de sentencias incomprensibles, embargos y desahucios, huelgas y despidos, hundimientos de bolsa y rescates, abusos políticos y leyes que favorecen a los ricos, hambre… cambios tremendos de nuestra sociedad, que bien se merecen el olvido o relegarse a pequeños artículos perdidos entre el fasto de nuestra sociedad dirigente y si es posible, en letra pequeña.

El verano es para descansar, aunque solo sea de las malas noticias.

Serpientes de verano… Algunas son venenosas.

Jose Ramiro, bloguero