martes, 28 de agosto de 2012

Tributo mortal


Hace un par de días que no me apetece escribir.

Seguramente, es que hasta yo estoy cansado de ese punto de vista tan negativo que imprimo a mis párrafos y que algunas veces me critican.

Lo cierto es que hoy, hemos tenido una relativa buena noticia. Por fin hay un dato concreto de inculpación para José Bretón, el padre de Ruth y José, los niños cordobeses desaparecidos. Lamentablemente, la pista apunta al asesinato de sus hijos, a la quema de los cadáveres y al ocultamiento premeditado del hecho. Dicen que tiene la cabeza en su sitio, que esta en sus cabales y que es una ser frío y obsesionado por el orden, y muy inteligente, por encima de la media. Solo tiene de buena la noticia, que por fin sus restos se han encontrado y la serenidad volverá al seno de una familia rota, destrozada anímicamente tras tantos meses de espera.

Dijo en su momento que los había perdido, que se los habían llevado, que todo era fruto de un despiste por el que se maldecía…

Él los perdió, él se los llevo a la muerte. Se los ofreció en tributo y sacrificio al desacuerdo permanente con su mujer... madre de los niños. Y los incineró de forma casera, con premeditación, para borrar toda huella de su crimen, para reírse de la justicia y dañar en lo más hondo al ser, que junto con él, les dio la vida.

Dicen que es una persona, pero no tiene corazón, le faltan los sentimiento mas primarios de un ser humano cuando es capaz de haber cometido el más horrible crimen achacable a un padre. Su cerebro no es frío, esta muerto y vacío de toda sensibilidad.

Las partes malas de esta noticia son varias:

Por una parte elimina toda esperanza de encontrarlos con vida.

Por otra demuestra la incompetencia de la policía científica, que tras el análisis de los restos concluyo que pertenecían a pequeños animales, conclusión desmentida en dos ocasiones, una por el doctor Francisco Etxeberría, perito forense contratado por la familia, y la ultima, por un informe redactado por el doctor José María Bermúdez de Castro, famoso por sus trabajos en Atapuerca, que sin dejar lugar a dudas manifiestan la realidad del crimen.

Me pregunto cuantos delitos, cuantas pruebas, cuantos informes de la policía científica habrán llevado a la cárcel a inocentes y cuantos culpables gozarán hoy de libertad.

El Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, culpa, como no, a la época de Zapatero para “justificar” el error pericial, y disculpa a los fallidos investigadores asumiendo que todo el mundo comete errores.

Un error de esta envergadura, no es perdonable, y ante la inseguridad, se repiten las pruebas hasta comprobar, más allá de la duda razonable, la verdad de los que después se firmara como autoridad en la materia.

Más de diez meses de sufrimiento de familiares y amigos, más de diez meses de dudas, de reproches, de protestas, de manifestaciones de apoyo, de registros infructuosos, de interrogatorios al reo y a sus cercanos, de gastos en movimientos de tierra, en maquinaria pesada, en multitud de personas implicadas en una investigación, que de no haberse cometido el error habría sido mucho más liviana para todos.

Un fallido intento de suicidio, falso a todas luces, (alguien tan inteligente como dicen los peritos que es, no comete ese tipo de errores) adorna el caso, dándole el toque de “arrepentimiento” ya conocido en los múltiples casos de violencia machista que desgraciadamente se siguen dando en este país. Primero te mato, después hago como que me suicido, intento demostrar un falso arrepentimiento para conseguir un fallo benévolo, para buscar la benevolencia del tribunal que me juzgará, para que piensen que todo es fruto de una locura pasajera… y no pocas veces les funciona…

Esa gran lacra que el gobierno quiere ocultar, que nombra con el eufemismo de “violencia en el seno de la familia”, seguirá alimentando las pésimas estadísticas  y seguirá dando fúnebres titulares, por más que nieguen su existencia.

Y los culpables, que después, casi de forma rutinaria, tienen un buen comportamiento en las prisiones, a los pocos años, en la calle, disfrutando de una libertad inmerecida, mientras sus victimas permanecerán por siempre enterradas…

Treinta y una victimas a fecha de hoy (muertes, no actos de violencia, que se contabilizan por millares). Treinta y una…, casi una por semana… Cifra terrible, que leemos con verdadera pasividad. Estamos muy acostumbrados ya…Treinta y una…

Una sociedad que obvia el problema que esto representa, que elimina ayudas para las victimas y que “borra” cualquier referencia en la asignatura de educación para la ciudadanía, es una sociedad enferma, muy enferma.

Como lo es la que justifica u oculta los casos de pederastia, la que permite la discriminación de los distintos, sea por su color, por su religión o por sus tendencias sexuales, la que quiere expulsar a los que durante años nos han ayudado a crecer y formarnos, la que deshumaniza su relación con los ciudadanos y los trata solo como datos estadísticos, la que permite las cifras de paro actuales, la que beneficia a los ricos, la que justifica a los corruptos, la que retira ayudas, la que permite el hambre, la que impide una educación publica de calidad y financia colegios regidos por sectas, la que prima la chabacanería y el nepotismo, la que legisla a golpe de decreto y no consensúa absolutamente nada…

Como debe ser enfermedad (mental, sin duda) la de el diputado popular que dice pasarlas “canutas” para llegar a fin de mes, percibiendo un salario superior a los 5.000.-€, sin pensar por un momento, estoy seguro, que con su “miserable” salario, sobreviven algunas (muchas) familias todo un año…

Si, es una sociedad enferma, y la medicina que la cura se dosifica cada cuatro años. Ahora ya quedan menos… pensemos cual es la combinación correcta para aplicarla en la siguiente dosis…

José Ramiro, bloguero