martes, 28 de agosto de 2012

Gavilán o paloma



Cantaba hace años Pablo Abraira una bellísima balada titulada “Gavilán o paloma”, que en sus versos desgranaba la certeza de que el amor, convierte en presa al más avispado cazador.

En la naturaleza, los gavilanes nunca se convierten en palomas. Su instinto cazador, los hace fieros cazadores de aves de menor tamaño y pequeños mamíferos, y aunque las palomas no son parte de su dieta habitual, (este tipo de presas se las reservan a aves de más envergadura de su misma familia, águilas o azores) a falta de mejor presa, también las atacarán.

Esta característica, se aprovecha para limpiar las plazas de algunas ciudades, donde instalando una pareja de gavilanes, pronto se verá como se reduce el número de palomas que acostumbran a aparecer por ella.

La demostración del equilibrio natural de las especies, se ve en estas poblaciones de forma inmediata.

Hay un experimento teórico muy didáctico, que habla de una isla  donde inicialmente solo viven palomas.

Al llevar unas cuantas parejas de gavilanes e introducirlas en un hábitat rico en presas, rápidamente esas rapaces empezarán a procrear, y teniendo abundante y fácil alimento, el crecimiento de su población será exponencial.

Muchas palomas significan para los gavilanes mucho alimento y facilidad para llevar su prole adelante.

Con el tiempo, la población de gavilanes será tan grande, que empezaran a escasear las presas, y esto hará que tengan mayores dificultades para sobrevivir.

Menos palomas y más gavilanes desencadena una crisis alimentaria que disminuirá el numero de gavilanes, y al haber menos cazadores, las palomas volverán a aumentar en numero.

Y así, una vez y otra, en un ciclo constante que hará oscilar la población ora en favor de los gavilanes, ora en favor de las palomas.

Es un ciclo natural, que tiene muchos reflejos en la vida ordinaria. Es la conocida ley de la oferta y la demanda. Cuando un bien escasea, se encarece, hasta que llegando a un precio inasequible hace que baje la demanda, y por tanto, se abarata.

Los Gavilanes, son aves rapaces, cazadoras y de rapiña, que bien se hacen con presas vivas como que son capaces de comer de un cadáver abandonado.

En la vida real, estamos rodeados de gavilanes.

Son aquellos que en tiempos de abundancia, se han cebado de riquezas, los que han despojado a bancos y ciudadanos, los que han robado, se han corrompido o han corrompido a otros, los que se han aprovechado del “exceso” de dinero en el mercado para ir tragándoselo, devorándolo y destruyéndolo, cuando no llevándoselo a un buen nido, lejos de esa hacienda que dicen que somos todos, ocultándolo para sus crías en paraísos fiscales y en sociedades de inversión donde solo les rinde a ellos.

Son los políticos y personajes que aun en tiempo de miserias, rapiñan incluso lo que no les pertenece, los que ocultan patrimonio, los que cobran dietas que no les corresponden, los que pactan indemnizaciones millonarias y los que, con el permiso de la autoridad competente, defraudan a nuestro pueblo, los indultados fiscalmente, los inmensamente ricos, esos empresarios que se aprovechan de unas cifras de paro escandalosas para forzar contratos que se alejan absolutamente del derecho laboral vigente, que esclavizan a sus obreros y que los amenazan constantemente con el consabido… “Si no te gusta, vete, que como tú, hay cientos en las calles esperando que los llame…”

Verdaderos gavilanes.

Un rey infiscalizado, una infanta que se confiesa tonta y que dice que “desconocía” de donde provenían los suntuosos ingresos de su marido y el valor de su firma estampada en las cuentas de las sociedades fraudulentas donde aparecía como administradora, un yerno Real, sinvergüenza como pocos, al que su suegro le buscó un buen enchufe en una multinacional, donde, ahora que ya no es capaz de llevar carroña, le han dado el papel de paloma y le han abierto la puerta para que desaparezca…

Ley de oferta y demanda: ahora aporta menos de lo que se le paga, da pérdidas en vez de beneficios… habrán pactado su “excedencia voluntaria”… César Alierta, más que gavilán es un verdadero aguilucho, mucho más grande y potente, capaz de “devorar” hasta a la rapaz más experimentada…

Gente, que desde los cargos públicos  se enriquecen en pocos años y, curiosamente, siempre terminan confesando una herencia de algún familiar desconocido o la asombrosa suerte de recoger premios gordos de lotería año tras año. Gente que maneja el dinero publico como si fuera el fruto de sus ahorros y no de nuestros impuestos. Gente prevaricadora, corrupta, consejeros de bancos y cajas que se otorgan auto-créditos a interés cero, y que se blindan los contratos para cuando lleguen las vacas flacas… Jueces que juzgan desde altares como si los “pecados” fuesen delitos, fiscales que culpan inocentes y liberan asesinos, gobernantes vendidos al gran capital…

Mochuelos, depredadores del dinero, avispados que nos han llevado a la ruina y que han encontrado un gobierno, afín a sus ideas, que nos condena a pagar sus deudas y fallidos…

Rapaces…

El resto, el común del pueblo, hacemos el papel de palomas en esta historia.

Pero no de las que defecan diariamente en nuestros monumentos y edificios, no de las que ensucian y trasmiten la gripe aviar, no… Hacemos el papel de palomas como las de la canción, inocentes, ingenuas, desbravadas…

Es momento de crisis, y por tanto, ahora escasea el dinero, alimento básico de tanto pajarraco… Ahora, somos mayoría, la situación nos favorece. Las palomas nos hacemos fuertes…Venceremos.

Solo hay que inundar las plazas y las calles. Las aves de rapiña, desaparecerán…

Jose Ramiro, bloguero